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Columba Domínguez, Adela y "El Indio" Fernández

Luis Enrique Ramírez | 23:33 - 19 Agosto 2013

A propósito de la muerte de Adela Fernández, acaecida este domingo, rememoramos la entrevista realizada en 1996 con la mítica actriz de la "época de oro" del cine mexicano Columba Domínguez, a quien la hoy finada despojó (se dice) de los bienes heredados por el no menos legendario director Emilio "El Indio" Fernández.

 

Entrevisté a Columba Domínguez Adalid (su nombre completo) diez años después de la muerte de Emilio Fernández, con quien protagonizó una de las grandes historias de amor del medio cinematográfico, pero en la vida real. Fue la única de sus musas con la que "El Indio" contrajo matrimonio y procrearon una hija, Jacaranda, quien se suicidó en 1978 al saltar desde un edificio cuando tenía 24 años de edad.
 
De los bienes de Fernández, ninguno le tocó a su viuda. La otra hija del cineasta, Adela Fernández,  se quedó con todo, incluyendo la espaciosa finca en Coyoacán conocida como "La Fortaleza". Por la escasa relación que existió entre Adela y su padre, se afirma que ésta falsificó documentos para despojar a la verdadera heredera que fue Columba.
 
Las condiciones en que vivía Columba Domínguez cuando la entrevisté eran más que penosas aunque preferí no abundar demasiado en ello en el texto publicado para no lastimarla. Era evidente cómo se esforzaba en disimular sus necesidades y cuánto se aferraba a la imagen de su antiguo esplendor de diva del celuloide. 
 
Era entonces, Columba, una señora de 67 años que mostraba escasos rasgos de su otrora impresionante belleza, llevada al lienzo por Diego Rivera. Hoy tiene 84, y desde hace muchos años sobrevive en buena parte gracias a la ayuda económica que le brinda un sinaloense, Juan S. Millán. Lo supe no por él, sino por la familia de la propia Columba. Un amigo en común le hizo saber al exgobernador las condiciones en que vivía quien diera tanta gloria al arte mexicano, y desde entonces le envía una mensualidad, anónimamente hasta hoy; espero me sea disculpada esta indiscreción periodística.
 
La presente entrevista apareció el día en que le entregarían a Columba Domínguez su primer Ariel de oro, honor que se repitió para ella a fines de mayo del presente año.
 
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"Yo nunca he estado desprotegida"
 
 
Luis Enrique Ramírez
 
 

Su cocker spaniel sale delante de ella. En la entrada del edificio de la calle de Londres, se yergue la alta figura de Columba Domínguez con un vestido azul, sonriente, castaño el cabello corto que sostiene una diadema. Porta una especie de collar de tela del que cuelga una cadena. Un prendedor asegura el escote que, sin que ella se percate, se irá abriendo poco a poco durante la entrevista. Hace pasar, por la cocina de su modestísimo departamento en Coyoacán, a un patio de servicio adaptado como recibidor con una mesa, una silla y un tragaluz.

 

-¿Apetece un té?

 

Insiste hasta que el reportero acepta un refresco. Lo sirve una mujer a la que llama “Jose” en un vaso de plástico. Columba, en tanto, se ha retirado un minuto para colocarse unos anteojos oscuros a través de los cuales, sin embargo, la intensa luz solar permitirá ver la desmesura con que abre los ojos al hablar, y también al callar lo que no es su voluntad decir.

 

Columba Domínguez vive ahora prácticamente incomunicada. El encuentro se logra a través de su hermana. “Estará allí de 12 a 3 todos los días”. La actriz narra con detalle, cigarrillo tras cigarrillo, sus peripecias en Telmex: que le cortan el teléfono y se lo vuelven a cortar, dice, “injustificadamente”.

 

-Entonces, ¿llamarse Columba Domínguez no significa nada?

 

-Sí, para mí misma en el sentido de consultar libros, de leer, de ir a museos... Pero esperar algo de las personas por llamarme Columba Domínguez, realmente no lo he pensado. El público es hermoso, hermosísimo, y cuando saben que soy yo me saludan; el que vende los tickets de Lotería, el del periódico, el del mercado… “Columbita” me dicen.

 

-Se siente retribuida por su país?

 

-Pues realmente yo no pienso haberle dado a México algo muy especial, en México han habido artistas muy lindos, hermosos, reconocidos en el mundo, y yo pienso que sí, que somos riqueza para una nación.

 

-¿Cómo se siente ahora con el homenaje?

 

-El que exista un pensamiento hacia mi persona me hace sentir muy bien, muy agradecida. Trabajar es hermoso. Yo me siento muy bien cuando trabajo. Nunca he sentido distancia entre mi persona y el arte. Siempre he estado en el arte, practico todavía aquí en mi casa las técnicas de danza que aprendí en el Palacio de las Bellas Artes. Escribo un libro, Presencias, escribo libretos cinematográficos y estoy pintando. Así que nunca ha habido ausencia del cine para mí. 

 

 

*    *    *

 

 

En los cien años del cine en México, Columba Domínguez recibirá un reconocimiento especial por parte del Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine), durante la XXXVIII entrega del Ariel en Bellas Artes esta noche. Se reconoce de este modo a una de las glorias olvidadas del cine nacional. Columba Domínguez es una de las figuras principales de la llamada “época de oro”, actriz de La Malquerida, Pueblerina y Río Escondido, entre muchas otras que incluyen producciones internacionales como La Hiedra, bajo la dirección de Vittorio de Sica. Con Maclovia obtuvo el Ariel a coactuación femenina en 1949. 

 

Nacida en Guaymas, Sonora, en 1929, su fuerte belleza indígena fue descubierta por Emilio “El Indio” Fernández, con quien contrajo matrimonio. En su época de mayor celebridad posó para pintores como Diego Rivera, Jesús Guerrero Galván y Miguel Covarrubias. Sus últimas participaciones en cine fueron en calidad de “actuación especial” para cintas menores, hacia el año de 1987. Antes incursionó en la dirección con cinco cortometrajes. 

 

“Uno de mis propósitos es hacer mi primer largometraje, tengo el guión, me falta el financiamiento”.

 

 

-¿Tiene relación el cine con lo que pinta?

 

-Sí, sí tiene qué ver. Son imágenes de la vida las que pinto. En mi libro que espero publicar este año hablo sobre la relación de la pintura y el cine. Me tocó vivir una época de oro en México, hermosa en arte y rica, riquísima. Maestros de San Carlos y de La Esmeralda como David Alfaro Siqueiros, su esposa Angélica, Diego Rivera, Frida Kahlo, Jesús Guerrero Galván, Miguel Covarrubias, su esposa Rosa, la familia Garro, todos eran amigos de mi esposo que, al casarme yo con él, me hizo ese hermoso regalo: amigos entre los que se conversaba de arte. Emilio trabajaba sus guiones con Mauricio Magdaleno, con Pepe Revueltas, los maestros de artes plásticas acudían a las lecturas y opinaban. ¡Era un tiempo de oro!”.

 

-¿Usted ya pintaba?

 

-Yo empecé de niña en la escuela: el arbolito, la casita, las aves, el burrito, todas esas cosas. Posteriormente con ellos, sin decirles, a partir de lo que conversaban, yo empecé a trabajar, a copiar objetos, esculturas, a dibujar, a proyectar lo que era el barro, la madera, el cristal, poco a poco, entre una filmación y otra; mis tiempos libres eran para dibujar, para pintar, para escribir de acuerdo a la época. Ahora pinto desde la mañana hasta la tardecita.

 

-¿En qué escuela se inscribe su pintura?

 

-Rítmica. Figurativa-rítmica. Armónica.

 

-En su vida ¿fue definitiva la figura de Emilio Fernández?

 

-Definitiva quien sabe, pero sí hermosamente importante.

 

-¿La dejó desprotegida?

 

-No, yo nunca he estado desprotegida.

 

-Se sabe que tuvo problemas con su hija. 

 

-Mi hija se llama Jacaranda.

 

-No, con la hija de él, Adela.

 

-Es una persona que hace 40 años ni Emilio ni yo sabíamos de ella...

 

-¿Y por qué se quedó con la casa de Coyoacán?

 

-Porque hay influencias de personas que estuvieron en la Presidencia y cambiaron documentos, hicieron esas cosas...

 

-¿Se siente usted despojada?

 

-Bueno, la hicimos juntos en mi matrimonio... Mire, no quiero profundizar mucho en eso, porque no son cosas que voy a resolver con estas personas. Es otra cosa. Creo en la justicia.

 

-¿En la que va a venir?

 

-Pues yo creo que ya está.

 

-¿Explicará esto en sus memorias?

 

-No, no son memorias, son presencias.

 

-Y actualmente ¿Tiene amigos?

 

-Amistades, sí, en otros países, y en México también. Casi todos están ligados en artes plásticas, en letras, en música.

 

-¿En cine no?

 

-Poco, poco.

 

-Anteriormente había más comunicación por la relación con mi esposo, los artistas, los técnicos lo buscaban más, lo veían más. Estábamos juntos...

 

-¿Ve sus películas en televisión?

 

-Cuando me entero de que las van a exhibir sí, algo veo.

 

-¿Y cómo se ve a sí misma en aquellos años?

 

-Pues bien.

 

-¿Es usted feliz?

 

-No sé si feliz pero... Estoy contenta.

 

 

 

La Jornada, 22 de julio de 1996.

 

 


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Publicado el Lunes, 19 Agosto 2013 23:33
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