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Cuarón y el sueño del Oscar, hace 19 años

Luis Enrique Ramírez | 01:13 - 01 Marzo 2014

Alfonso Cuarón era un joven con ya dos éxitos sonados en 1995: una película taquillera en México, “Sólo con tu pareja”, y su primer largometraje en Hollywood, “La Princesita”.

 

Jonás, su hijo y hoy compañero creativo cinematográfico, era entonces un niño de 12 años que se mantenía junto a Alfonso todo el tiempo. Acababa de debutar como actor infantil en la cinta estadounidense de su padre, en un “bit” como llaman a los papeles instantáneos.

 

En aquella entrevista que le realicé para hablar de su incursión en Hollywood, Alfonso Cuarón respondió, entre otras cosas, si soñaba con el Oscar.

 

Hoy, en lque Cuarón se ha convertido en el primer latinoamericano en obtener el premio más codiciado de la industria comercial del cine mundial, recordamos esta entrevista.

 

 

LER

 

 

“Hollywood sólo es parte de un camino”

 

 

Por Luis Enrique Ramírez

 

 

 

Alfonso Cuarón bromea frente a la sorpresa que causa su casi inmediata colocación en Hollywood.

 

— ¿Cómo le hiciste?

 

— Acostándome con todos los productores.

 

— No, o sea, cómo te mueves allá…

 

— Despacito. Y en la cama les digo "¡firma, firma!".

 

Despeinado, la barba a medio crecer, frecuente la sonrisa con sus cejas en arco, Alfonso Cuarón contradice, informal, la severidad con que la representante de la Warner Brothers pretende conducir su breve estancia en México. Su hijo Jonás, de 12 años, lo escucha a un lado, el cabello largo en una coleta. Se sienta en el piso y se abraza las rodillas. Jonás desarrolla un bit en la primera película estadounidense de Cuarón, La princesita (Little princess), como el niño que limpia las chimeneas. La cinta, de hecho, está dedicada a él. “Traté de hacer una película que le pudiera gustar a mi hijo”, declara en entrevista.

 

— ¿Cómo ha sido tu experiencia en Hollywood?

 

— ¡Poca madre! Y ya en serio, no sé a qué atribuirlo. Creo que ha sido una combinación de varias cosas. Les ha gustado mi trabajo, por un lado, pero por otro, históricamente, la industria ha sido hecha por emigrantes, la mitad de los directores son de fuera. Y creo que tiene que ver además que haya sabido más o menos como llevarme con la gente allá.

 

— ¿Cómo fue que decidiste irte?

 

Una cosa fue llevando a la otra. Tuvo que ver dentro de todas estas circunstancias que el hacer Sólo con tu pareja, lograr terminarla, fue una experiencia casi dolorosa en cuestión del trato hacia mí. Siento que hay un problema en México muy grande del trato hacia los creadores, mucha falta de respeto. De alguna manera con Sólo con tu pareja terminé un poco afectado. Esto, más circunstancias que se dieron allá, donde había facilidad para hacer cine, me llevó a seguir ese camino.

 

 

— ¿Hubo una decepción?

 

No sé qué tanto una decepción, no sé, lo he platicado con otros cineastas, estamos hablando no del público que es generoso, sino del medio, y estamos hablando de la gente que da dinero. Es una actitud muy destructiva hacia los creadores. Este fango está esperando el fracaso todo el tiempo, entonces es muy difícil, porque en vez de que sea un medio que trate de empujar, todo el tiempo te está jalando hacia abajo. Sí fue muy difícil terminar Sólo con tu pareja, estaba endeudadísimo, no tenía el dinero y no había grandes opciones. Ya lo demás fue una serie de coincidencias...

 

— ¿Y cómo has sentido el resultado de La princesita?

 

La verdad, con La princesita terminé sorprendido porque la veo mucho mejor de como pensé que podía quedar. Es hasta ahorita la película que ha tenido mejores críticas en Estados Unidos, y no sólo eso, sino que entró a la industria, fue bien recibida, entonces de pronto conocí a una serie de actores, una serie de productores que querían trabajar conmigo, gente que yo he admirado toda mi vida de pronto escribiendo cartas que dicen: gracias por haber hecho esta película. Eso nada más como para seguirle adelante.

 

— ¿Tuviste suerte?

 

—Bueno, suerte porque estuve rodeado de gran gente, de gente bella no sólo como cineastas sino como seres humanos, entonces el proceso fue muy sencillo. He oído historias que son horribles de gente que le ha ido mal en Hollywood y yo no me acerqué a ese tipo de situaciones. Creo que en esto tiene que ver también que desde un principio fui muy claro en qué clase de películas quería hacer con ellos.

 

— ¿ Tienes nuevas propuestas?

 

— Lo que pasa es que a partir de la respuesta de Little princess me coloqué inmediatamente en una nueva posición allá. Antes, por ejemplo, cuando yo Ieía un guión era un guión que a lo mejor ya habían rechazado 15 directores, y en vez de los Pollack y la gente de allá arriba me lo ofrecían a mí. Ahorita en el guión que voy a hacer, El dulce olor a muerte, fui el primero al que le fue ofrecido por los productores. Me da mucho gusto saber que ya estoy siendo una opción para ellos.

 

— Y ahora la situación cambia: al estar allá eres visto como un "orgullo de México".

 

— Yo no... no entiendo cuál es la ecuación para llegar a eso. Claro que soy mexicano y lo seguiré siendo, no me queda de otra porque pues eso se tiene bien adentro, pero me da mucho miedo que Hollywood sea un fin: hacer cine en Hollywood o como Hollywood, en vez de crear un nuevo lenguaje. Yo soy muy limitado; además, desde mi niñez me eduqué con un cierto cine hollywoodense y finalmente me es muy cercano. Pero quisiera explorar nuevos lenguajes. Hay mucha gente que lo puede hacer y ojalá no se contamine con el germen de Hollywood.

 

— ¿Explorarás nuevos lenguajes en El dulce olor a muerte?

 

— Bueno, en eso estoy metido justamente ahorita, estoy trabajando en ello. Mi exploración ahora, y de hecho la he llevado a cabo en mis últimas cosas, es buscar que haya un solo punto de imagen, seguir la percepción de un solo personaje, ser muy subjetivo con el propósito de lograr un punto en común con todo mundo. Ahorita me interesa mucho entender la relación personaje y emoción, entre el personaje y su circunstancia, y cómo vas a transmitir esa emoción con el público; lograr esa magia entre pantalla y espectador.

 

—Se ha dicho que La princesita es un ensayo de lo que será tu entrada por la puerta grande de Hollywood...

 

—Pues yo sigo ensayando para esa gran entrada (que ojalá exista, no sé cuándo) no por la gran puerta a Hollywood sino por la gran puerta a una buena película.

 

— ¿Esta no es buena?

 

— A mí me gusta mucho, la quiero mucho pero no puedo decir si es una buena película o no. Todo lo que sé es que aprendí muchísimo y que la película en sí ha tenido un efecto. Hace unas semanas fui a Sarajevo con ella; fue la primera proyección que tuvieron allá los niños en más de tres años y me dijeron que la película era una biografía de lo que han vivido en este tiempo. Y bueno, pues con eso estoy más que contento.

 

— ¿Pero la consideras una obra menor?

 

— ¡Para mí es una obra mayor! ¡Es la película más grande que he hecho en mi vida!

 

— ¿Y le gustó a Jonás?

 

—    ¡Ps' óyeme! ¿Tú que crees?

—   

Jonas dice que sí, que le gustó. "Está padre…”

 

 

Con las megaestrellas

 

 

Steven Spielberg quedó gratamente impresionado luego de una proyección privada de La princesita en Hollywood (donde fue estrenada en abril), y quedó abierta la posibilidad de que en un futuro se interese en producir alguna cinta dirigida por Alfonso Cuarón, quien, no obstante, señala:

 

—Sí, salió muy prendido Spielberg. Pero a mí no me atraen las cosas que él produce, aunque como director me encanta y lo considero uno de los grandes. Me sentí halagado, de cualquier modo, y tampoco digo que yo no quiero hacer una película con Steven Spielberg. Quien sabe qué cosas puedan suceder...

 

— ¿Harías algo que no te gustara con tal de ganar nombre?

 

— Ya he dicho que no a varias que no me han interesado. El mes pasado me ofrecieron hacer Alien IV y no la quise hacer, no se me antoja hacer Alien IV. Ahí sí, sólo puedo hacer películas que mi corazón entienda. Digo, no corto la posibilidad de hacer algo porque necesite dinero, siempre y cuando de entrada sea el corazón lo que esté.

 

—        ¿Hollywood te permite independencia?

 

—        Bueno, Hollywood para mí es parte de un camino y nada más. He mantenido cierta distancia todo este tiempo. No vivo allá, yo estoy en Los Ángeles cuando tengo que trabajar; cuando no, estoy fuera, viajando.

 

" He sido muy exigente en el tipo de proyectos que he escogido. He dicho que no a muchas cosas que son proyectos ya armados muy en fórmula de que tenemos a este actor que está caliente y esta historia que está caliente y vamos a hacerla y va a ser muy bueno para tu carrera porque vas a ganar mucho dinero. A eso no puedo más que decir que ¡no!

 

 

" Creo que esto me ha ayudado porque me he hecho una reputación de ser muy difícil en escoger. En ese sentido, cuando digo que sí a algo se me abren más las puertas".

 

—        ¿Temes que te uniforme la industria estadounidense?

 

— Pues yo sólo espero que eso no pase nunca. Lo evito en lo mayormente posible. No sólo es no vivir ahí sino el no verme involucrado en las grillas ni estar leyendo qué película hizo más. No quiero estar influenciado por qué tipo de película hace más dinero. He tratado de mantener esa independencia y creo que hay gente que ha respetado eso; son las gentes con las que yo quiero trabajar.

 

—        ¿Hiciste concesiones en La princesita?

 

—Hice un par de concesiones al final, dejé un par de escenas que me parecían demasiado complacientes, pero es que en las funciones de prueba a los niños les gustaron... La película es del público finalmente...

 

—¿ Tu tirada es el cine comercial?

 

—No es que tenga tiradas, ahorita es parte del camino. Little princess de hecho fue una película a la que comercialmente le fue, digo, bien, no es una cinta comercial dentro de los estándares americanos. Lo que voy a hacer ahora no tengo idea de si va a ser comercial o no... Pero estoy de acuerdo en que a veces la industria de Estados Unidos contamina con cualquier basura que mandan al resto del mundo. Tienen los medios y la fuerza para encajar esos productos en cualquier lugar del planeta; cosas que no debían salir de donde se hicieron.

 

—Se ha dicho que, por ser comercial, en Sólo con tu pareja te reíste del sida por encima del dolor...

 

—Fíjate que es muy curioso cómo cuatro años hacen una gran diferencia. Ahorita, en este año, he visto varias cosas nuevas que tratan sobre sida en películas y obras de teatro y que son más irreverentes todavía.

 

"Cuando salió Sólo con tu pareja creo que estaba un poco demasiado en carne viva el asunto, pero para mí esa película fue un anuncio de hora y media para usar condones”.

 

—Entonces ¿admites que no era el momento para reírse de eso?

 

—Creó que era el momento de hablar de que hay que usar condón. No sabes cuánta gente joven, pero cuánta gente joven, me ha dicho que se hicieron conscientes del condón y del sida gracias a la película. ¡Chavos! Eso me da más gusto que cualquier comentario satélite alrededor de eso.

 

— Pero me refiero a la risa, a tratar de modo cómico un asunto como el sida...

 

— Lo que pasa es que para mí la risa y el humor están entre las mejores formas de llegar a las cosas más terribles. Lo quisiera seguir haciendo. La comedia en ese sentido es totalmente liberadora porque estamos hablando de las cosas más tremendas con una gran sonrisa. Acabo de ver Entre Pancho Villa y una mujer desnuda (de Sabina Berman e Isabelle Tardan) y me encantó porque está hablando de intensidad, de azotes, en un tono que hace que todo el tiempo te rías. La risa es maravillosa porque te deja ser realmente un cómplice.

 

"Volviendo a Sólo con tu pareja, es muy distinto lo que pasa por ejemplo en Francia, donde después de un festival unos chavitos llegaron a decirme que estaban hartos de vivir asustados del sida, y que agradecían que la película les hiciera sentir que el sexo podía seguir disfrutándose, que el amor es importante, que lo único que hay que hacer es cuidarse. Porque por el otro lado están todas estas propagandas que son amarillistas y muy cabronas acerca del sida: 'sexo igual a muerte". Los grupos conservadores lo toman como que es castigo divino o que la única manera de que no tengas sida es no coger; una postura con la que no estoy de acuerdo jamás en la vida".

 

— ¿Hollywood te permite comprometerte con un tema?

 

— Sí, también depende, lo que pasa es que a mí me sorprende mucho un poco de ciertas gentes —sobre todo críticos— la visión tan limitada que tienen acerca del cine estadounidense. Es como si para ellos Hollywood fuera una novela de ciencia ficción, cuando es una cosa de alguna manera mucho más sencilla y mucho más terrena. Como en todas partes, hay gente buena y gente mala. Eso de que todo lo que hace Hollywood es malo ¡no es cierto! Ahí está Woody Alien, ahí está Scorsese. Hay gente con la que puedes trabajar y gente con la que no. Hay productores que son muy cultos y te respetan mucho la obra, y hay productores que simplemente quieren hacer explosiones y meterse mucho dinero. Me preguntas si eso que hice aquí se puede hacer en Hollywood. Sí se puede, pero depende con quién.

 

— Ahora que se van para allá cineastas como tú, Alfonso Arau, Luis Mandoki, Guillermo del Toro, el fotógrafo Emmanuel Lubezki ¿podemos hablar de una "fuga de talentos"?

 

— Bueno, siempre va a existir gente de talento y va a seguir habiendo gente que se quede en México. Yo no es que me haya ido, seguiré haciendo películas aquí, lo que sí creo es que después de muchos años en el contexto internacional empieza a haber una credibilidad muy grande hacia el cine mexicano. Una credibilidad que se había perdido, creo que no por falta de talento sino por una visión política equivocada de quien movía las películas. Porque en los años 60, en los 70, hubo grandes creadores que siguen haciendo cine desde entonces. Se hicieron películas maravillosas en esa época.

 

— ¿Vendrías a filmar aquí?

 

—Si están las condiciones, sí. De hecho tengo un proyecto que estoy desarrollando aquí. Tiene mucho qué ver con encontrar la historia y las condiciones para hacer la historia. Quiero seguir filmando aquí, quiero seguir haciendo películas aquí, con actores que admiro.

 

— Oye, y por último ¿sueñas con el Oscar?

 

— Antes soñaba en la regadera. Antes. Ahora más bien como que estoy clavado en la película que voy a hacer próximamente. Lo que pasa es que hacer cine es sólo una parte de la vida, y ahí es donde está cabrón, porque si uno no tiene cuidado en sus decisiones al filmar una película, esas decisiones afectan la vida de uno. Hacer cine no es tan trascendente. La vida es más importante que eso.

 

 

 

La Jornada, 22 y 23 de diciembre de 1995.


Publicado el Sábado, 01 Marzo 2014 01:13
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