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"Todo se alza en Ninón Sevilla"

Luis Enrique Ramírez | 00:00 - 05 Enero 2015

“Católica, apostólica y cubana”, se definía Ninón Sevilla en esta entrevista realizada en 1995. Creyente, “hija de Changó”, la imagen de Santa Bárbara habría de marcar la ruta no sólo de la charla, sino de la amistad con que Ninón me privilegió a partir de este encuentro.

 

La entrevista cumple 20 años en este 2015, en cuyo primer día la leyenda cinematográfica pasó a formar parte de otro plano. Hoy alcanza su mayor significado la frase que escribió Francois Truffaut para descifrarla: “Todo se alza en Ninón”.

 

Fue, hay que subrayarlo, una de las entrevistas que mayor tiempo y esfuerzo me han requerido conseguir. Se la debo a Elena Burke, legendaria cantante cubana y amiga cercana de Ninón. Años antes, intentaron a ayudarme a concretar este encuentro Carlos Monsiváis, también amigo muy querido de Ninón, quien lo llamaba “Carlitos”, y Margo Su, a quien ella y Elena llamaban “La China”.

 

Pocos saben que Margo fue la primera que bailó mambo sobre un escenario, y menos aún los que saben que quien le montó la coreografía fue Ninón Sevilla, con el hoy clásico baile de los brinquitos a la izquierda y a la derecha.

 

Ninguno de aquellos dos amigos entrañables logró que Ninón permitiera a este reportero llegar hasta ella, pero en 1995 algo le comentó Elena Burke que llamó poderosamente la atención de la diva cinematográfica. Teníamos entonces Elena, su representante Jorge González y un servidor una estrecha relación, y Ninón se mostró sumamente agradecida de mi cariño por su gente.

 

Los cubanos, y Ninón en especial, me brindaron tiempos de alegría en medio de grandes dificultades personales. Tal vez sea por ello que, contrario a los sentimientos que suelen embargarlo a uno ante la muerte de un amigo, hoy ante la partida de Ninón, como antes sucedió con la de Elena, renace la seguridad de que algo mejor nos tiene que esperar del otro lado, con muchas luces y música de feeling, de mambo y cha cha chá.

 

ENTREVISTA:

“El imperio de sus ojos de alienada”

 

Sin el turbante que se ha vuelto clásico en ella, Ninón Sevilla parece recobrar la belleza fantástica de sus años de esplendor en el cine mexicano, los ojos inmensos, en cada frase un ademán altivo, la cabellera abundante derramada sobre sus hombros.

 

—¡Contigo me suelto el pelo, mi niño!

 

Toma su cabello con ambas manos y lo presume, lo deja caer, interminable.

 

—¡El mechón que tú ves es mío! Todo el mundo se vuelve loco por arreglarme el pelo, pero yo prefiero el turbante, es muy cómodo.

 

—¿ Y por qué ocultar ese cabello?

 

—¿Y por qué voy a estar yo en exhibición?

 

*   *   *

 

Poseedora de la clave de los mitos, ha decidido esta tarde responder preguntas y ofrecerse a la contemplación del reportero que le viene solicitando la entrevista desde hace año y medio.

 

“Es que me da flojera porque siempre preguntan lo mismo. Vamos a ver qué tal tú lo haces...”

 

Recientemente ha vuelto de Europa y las maletas aún se encuentran en la sala, a medio desempacar entre las innumerables figuras y cuadros que la pueblan.

 

En la más reciente edición del Festival de Cannes fue objeto de un reconocimiento que provocó su llanto sobre el escenario frente a Gilles Jacob, el director general.

 

A fines del año pasado recibió un homenaje en el Telluride Film Festival de Colorado, en Estados Unidos.

 

Ahora le toca en este que es también su país: desde hoy y hasta el 23 de julio de 1995, el Instituto Veracruzano de Cultura le rendirá tributo en el puerto con la exhibición de sus películas.

 

“Me siento muy feliz, muy satisfecha de que me lo den todo en vida para poderlo gozar y que ustedes me acompañen. Como ahora en Veracrú, que adoro a la gente, les ves en los ojos esa sonrisa angelicar..."

 

Conserva, intacto, el acento cubano.

 

—¡Yo soy cubana! Escogí a este país, pero sigo siendo cubana... Mi vida la he vivido más aquí, y amo a México y yo he sido de defender el folclor mexicano toda la vida porque me fascina. Yo estoy fuera de México un tiempo y te oigo unos mariachis y ya quiero correr pa’ acá. Pero Cuba son mis raíces que no las puedo olvidar nunca, hasta la fecha. Soy muy cubana, muy criolla y muy reyoya.

 

— Veracruz es como Cuba ¿verdad?

 

—Sí, somos muy alegres, muy parecidos, te comen igual, los frijoles, el arroz, los platanitos fritos. ¡La corrida es completa, con todo y todo! Me quieren mucho, y yo a ellos.

 

“Tengo películas donde he hecho de veracruzana, como Mulata, y muchos me preguntaban en mi juventud si era jarocha. ‘Sí, soy jarocha’. Allá hice Noches de ‘carnavar’, la película por la que me dieron el Ariel en ochentipico. Soy la única de mi época que tengo un Ariel.

 

“¡Ahora quiero que me den otro para hacerme unos aretes! (ríe)...

 

“Pero te quiero decir que en general la gente de costa es muy parecida ¿eh? El carácter es de mucha bulla, somos muy bullangueros y muy alegres”.

 

—Ese carácter marca sus actuaciones, aunado a otro elemento: la malicia.

 

—No no no, la picardía que es distinto; malicia no, porque teníamos la cosa ingenua, se nos veía la juventud, la frescura ingenua, aunque al mismo tiempo teníamos que hacer esas villanas, cuando ni fumábamos ni tomábamos. De verdad que teníamos que hacer, sentir, proyectar lo que en la vida real no éramos.

 

“¡Yo no salía de la cuadra de la perdición! (marca con sus manos un cuadro). Yo era la perdida pa’ acá, y la mujer fatal pa’ allá, y de aquí pa’ allá, pero no salía de esa cuadra, ahí me tenían siempre: la mujer buena a la que hacen sufrir y la vida la lleva a un cabaret a dar esos pasos. Después sale, se hace una figura o llega a la sociedad para poder vengarse”.

 

—¿Su caso en la vida real fue parecido?

 

—No, para nada, para nada.

 

—Porque se dice que las mujeres bellas pagan siempre un precio alto en la vida.

 

—La vida es una balanza, estás arriba, estás abajo. El subir, sube cualquiera; el sostenerse es lo difícil. En el amor la vida te da muchas cosas pero también te las quita. Eso es el tener que madurar en la vida. Y seguir viviendo. El talento vale más que la belleza. El sentimiento del ser humano también. La belleza es un marco, y la belleza se va, como la juventud”.

 

—¿Siempre se va?

 

—Hay bellezas que son frías. Y hay personas pintorescas como yo que seguimos ahí en el tíbiri tábara. Yo nunca me he sentido mujer bella.

 

—¿De veras?

 

—Palabra de honor que no. En mi época, por los bailes, la cosa que se proyectaba era la sensualidad, el glamour, pero nunca ni me aproveché de eso ni en la vida real lo quería sentir.

 

—¿ Qué le ha dicho el espejo?

 

—Bueno, yo le hablo al espejito, pero nunca me contesta. “Espejito espejito ¿quién es el más bonito, tú o yo?”. ¡Y ná que me ha contestao!

 

—¿ Y la admiración?

 

—Yo no he estado en esas creencias de que me digan que soy bella ni nada, yo quiero que me digan que soy como soy, una mujer sencilla, que soy humana ante todo, porque todo mundo te va a decir “Ninón es muy buena”. No, yo no soy buena nada, porque si tú me vienes a pegar yo te voy a romper la cabeza, así es que no soy buena. Me duele el dolor de los demás, y creo que tengo tacto de la vida. Esto me lo ha dado el tiempo. Ahora ustedes anuncian mucho la juventud: “Porque nosotros los jóvenes…”' Yo también fui joven, pero no se hacía tanto ruido de eso. En mi época todo era censurado. El ombligo no se podía enseñar. ¡Y ahora se enseña hasta la conciencia!

 

—¿El traje de las rumberas estaba diseñado para mostrar sin mostrar nada?

 

—Las piernas nada más. Eran el tipo del calzoncillo de ustedes los hombres, y yo lo fui subiendo poquito a poco en las películas hasta que lo hice tipo francés ¿te das cuenta? Ya mostrar las piernas resultaba demasiado atrevimiento. Éramos censuradas, pero bien censuradas ¿eh?

 

—Las rumberas eran como la encarnación del pecado.

 

—¡Y cuidado! A mí me da mucha gracia, porque la rumba es como cualquier otro género musical, como la que es bolerista, como el que le gusta cantar lo flamenco, pero en ese tiempo sí fue un impacto muy grande para el cine mexicano. Mi primera película fue Carita de cielo y querían que pusiera cuatro rumbas. Dije ¡cómo! Porque yo fui la que traje aquí desde el merengue, la cumbia que tú ves ahora la puse yo, el tamborito, la música brasileira, calipso, rumba, mambo y cha cha chá.

 

—¿ Usted trajo a Pérez Prado?

 

—¡Pero claro!, y traje después la Orquesta América de Ninón Mondejar, que era el cha cha chá. Yo siempre estaba buscando a ver qué podía dar. Inventé los pasitos brincaditos del mambo porque no tenía paso. El cha cha chá sí, era un-dos-tres, un-dos, un-dos-tres, un-dos. El mambo salió a la fama de aquí de México.

 

“Pérez Prado era arreglista nada más cuando lo traje, él trabajaba en Cuba con Cascarita... Yo he sido una mujer muy musical, la verdad, además con mucho oído. Romántica y sentimental ¡y no te digo lo demás! Tú lo piensas.

 

—¿Y usted llegó a México directamente de Cuba?

 

—Directamente de Cuba para el Teatro Lírico, como vedette. Las rumberas ya existían y tenían nombre en el cine, pero yo cuidé mucho mi trabajo porque amo mi carrera y me gusta hacer las cosas lo mejor que puedo. Por eso las películas mías tú las ves que son distintas, porque siempre me preocupaba de los vestuarios, era coreógrafa también y productora.

 

Fui la primera' mujer joven productora de cine, con Producciones Calderón. Sólo que no me pagaban porque no veía nóminas ni nada de eso. Soltaba la lana y vámonos.

 

—¿Cuáles produjo?

 

—¡Ay!, pues varias, ante notario, con escrituras y todo. Antes el cine mexicano era un cheque al portador, porque del extranjero te mandaban los anticipos sin saber lo que tú ibas a enviar; con eso pagabas la película que estabas haciendo y luego empezabas la otra y ganabas mucho dinero. A mí; por mi primera película, me pagaron 3 mil pesos de aquella época.

 

—¿ Que serían como cuántos de ahora?

 

—¡Mi querido, yo no me llevo con las matemáticas! Era dinero, pero... tú siempre cuando empiezas tienes que pagar.

 

—¿Cómo?

 

—Poner la ropa y todas esas cosas, imagínate tú.

 

—¿No siente que se le encasilló, que su papel era siempre el mismo?

 

—No, eran parecidos, era el tema, pero en distintas circunstancias. No era lo mismo, y yo siempre traté de no hacerlos iguar... Lo que pasa es que los productores como que se envician y agarran una temática y sobre eso se van. Y la cosa musical siempre en el cine ha gustado ¿eh? Como era el dramón, y musicar, pues la gente salía feliz.

 

*   *   *

 

Con todo y la modestia que, falsa o no, maneja en sus declaraciones, Ninón Sevilla admite su leyenda en el celuloide, y la alimenta.

 

—¿Ninón Sevilla es su nombre real?

 

—No, ese es mi nombre artístico. El otro es de pasaporte, me tienes que cazar en el aeropuerto para saberlo porque cuando me llaman por mi nombre ni me acuerdo que es mi nombre.

 

—Dígamelo.

 

—No.

 

—Finalmente, Ninón Sevilla sí defiende su mito.

 

—Sí, y lo seguiré haciendo... (Cambia de opinión)... Sinceramente el verdadero nombre mío es igual que mi mamá: Emelia. Cuando me lo dicen te lo juro no me suena, me suena más sabroso el Ninón Sevilla. Quise buscar un nombre de contrastes, que sonara raro para que a la gente se le quedara. Ninón es un nombre francés, y Sevilla lo puse para que sonara muy español, que semillita de marañón tostao o lo que tú quieras, pero semilla.

 

—¿Y cuál es su apellido?

 

—¡Ah no, hasta ahí nomás, se acabó la entrevista! ¡Oye, éste quiere sacar el libro mío!

 

*   *   *

 

Su descubridor europeo, Jacques Audiberti, la colocó al lado de Marlene Dietrich y de Greta Garbo. En Cahiers du Cinema escribió en 1954:

 

“...Ninón Sevilla, ancha boca en un hermoso rostro, fosa en arco de triunfo extensible, miembros inmensamente alargados...”

 

Jorge Ayala Blanco reproduce el comentario en su libro La aventura del cine mexicano (Grijalbo-Mondadori), y también el que escribiera el cineasta Francois Truffaut en la misma publicación aquel mismo año, bajo el seudónimo de Robert

Lachenay:

 

“Desde ahora debemos contar con Ninón Sevilla por poco que nos ocupemos de los gestos femeninos en la pantalla y en otras partes. Mirada inflamada, boca de incendio, todo se alza en Ninón (la frente, las pestañas, la nariz, el labio superior, la garganta, el tono con que se enfada), las perspectivas huyen por la vertical como otras tantas flechas disparadas, desafíos oblicuos a la moral burguesa, a la cristiana, y a las demás".

 

Ayala Blanco presenta su propia opinión de quien considera “la figura de lupanar más extraordinaria del cine mexicano”:

 

“...Ninón Sevilla resulta fascinante si cedemos, sin conceptualizaciones previas, de la manera más física que podamos, a la belleza de esas piernas largas y perfectas, al imperio de esos enormes ojos de alienada y a la sexualidad animal de esas sólidas caderas; a la lascivia de sus respingos, al influjo de su voz letárgica, a la desafiante vulgaridad de sus movimientos y al impulso de esa figura

de baile ‘vuelta de espaldas, con las piernas dobladas y palpitante’. (Raymond Borde. Positif, París, 1954).

 

*   *   *

 

Veinticinco años se mantuvo alejada del cine Ninón Sevilla desde Yambaó (Alfredo B. Crevenna, 1956). Noche de carnaval de Mario Hernández la hizo regresar en 1981.

 

“Yo no quería regresar al cine. Yo quería que se quedara el recuerdo. Pero Mario Hernández me convenció por la cosa humana, me dijo que un año atrás vio la muerte de cerca y lo único que pidió fue que no le llegara el fin sin antes dirigirme. Me anduvo localizando aquí y allá y me encontró en Nueva York. Lo que me dijo me desarmó y por eso hice Noches de carnaval, con tan buena suerte que me dieron hasta el Ariel.

 

—¿Sin belleza habría sido posible su mito?

 

—La belleza está en el alma. Otra cosa es la gen de que hayas salido a tu papá o a tu mamá y tengas algo no sobrenatural, sino natural, que se proyecte. Unops ojos, por ejemplo. Tú tienes unos ojos muy bonitos, niño, te los voy a celebrar, yo soy muy justa en la vida. Y cuando eso se te acaba pues te puedes arreglar, por ejemplo yo voy a ir con el doctor Jorge Atilano para que me ponga como la nieta de Ninón Sevilla. Cuando digan “ahí viene la nieta de Ninón”, no, ¡soy yo! ¡Soy yooooo! Óyeme, hay muchos adelantos divinos, entonces yo voy a entrar en eso, que me hagan chapistería completa ¿te das cuenta? Ahora te ponen la cinturita otra vez de avispa, te meten pompis y todo ese rollo. ¡Voy a salir yo toda así muy iiiii, kikirisquí! En mi época no había nada de esas cosas. Yo era auténtica. Las gentes de Hollywood decían que allá les tenían que fabricar las cosas y nosotras las de acá todas teníamos ojos bonitos, o boca bonita, o pelo bonito, o cuerpo bonito, y éramos naturales.

 

—¿ Cuál es el punto fuerte de su belleza?

 

—¡Tú me estás chocando con la palabra de belleza! Mira mijito, antes no se estaba mirando tanto la belleza como hoy en día ustedes los jóvenes... Pero tienen que tener cuidado porque la caída está muy peligrosa. Pueden ver una manzana muy linda y por dentro cómo estará. Así es que cuidado con la calle ¿eh?

 

“En mi época tú podías tener un romance donde quisieras, atrás de una puerta, donde fuera, pero hoy tienes que pedir acta de salud. Fíjate, se habla tanto del sexo sexo sexo para que ahora venga desgraciadamente esa enfermedad que está acabando tristemente con tanta gente. Yo he tenido pérdida de seres queridos muy bonitos, amigos míos, por el sida....

 

—¿Le afectó en su vida personal la imagen que le crearon las películas?

 

—Sí, se acomplejaba uno porque llegabas a los lugares y tú querías ser un ser humano como los demás, pero te convertías en el foco de las miradas; eran más discretos los hombres, más románticos también, entonces pues había esa cosa de tener una distancia pero al mismo tiempo te desnudaban sin tocarte ni siquiera un pelo. Yo no sé si tú eres romántico, yo sí lo soy. Antes era muy difícil todo para una actriz. No podíamos decir ni que estábamos enamoradas, si estabas en estado, imposible confesar que ibas a tener una criatura...

 

—¿ Y no le espantaba hacer aquellos personajes?

 

—Tenía que soltarlos en el foro. “¡Me voy a mi casa, no quiero saber más nada de esto, hasta mañana! ¿A qué hora es el llamado?”. Sí te afectan en el estadoemocionar los personajes que son muy fuertes porque te tienes que de verdad olvidarte de ti, borrarte de todo para entrarles aunque te dejen un poco... pues cómo te diré, de escamita, de sentimiento de ver que en la vida real pasan cosas peores...

 

—¿Existe algún punto de identificación con sus personajes?

 

—Yo me quiero sentir una mujer justa, que me han pagado mal. Yo no hago nada si no me lo hacen. Ahora, si me lo hacen, cuidado. ¡Ooooh, sí! Si me fallan, lo que se buscan conmigo... Olvídate, el caos.

 

—¿Le gusta la venganza?

 

—Soy vengativa, sí sí, me encanta. Y me encanta decir “Los veo pasar”. Y los veo. Eso tenlo por seguro, que el que me la hace me la paga. Y yo quiero que me lo paguen aquí. Allá no. Aquí. Lo disfruto y lo gozo.

 

—¿Es capaz de sentir alegría por la desgracia ajena?

 

—No no no. No le deseo nada a nadie. En el ambiente de nosotros que existe tanto la envidia y la intriga y todo ese rollo yo he sido una mujer que no he estado ni en chismes de camerino ni en nada porque yo voy directo siempre. Lo que a alguien le pase, yo no se lo deseo. Ahora, sí me gusta que, cuando le sucede a alguien que me haya hecho algo, yo me entere. Sí lo disfruto. Y no se lo deseo. La venganza es muy dulce mijo. Es azuquitar.

 

—¿A usted le ha hecho daño la envidia?

 

—No. El que tiene envidia es porque no se siente superior. Es el complejo. Tú lo que tienes que demostrar es que puedes.

 

—¿ Y usted cómo se lleva con las rumberas?

 

—¿Con todas las artistas? Yo me llevo bien, yo nunca he tenido, nunca me he sentido rival de ninguna ni ninguna ha sido mi rival. Cada una tiene su estilo. Si me copian el mío qué bueno, pero yo no he copiado a ninguna.

 

—Tiene usted un carácter fuerte...

 

—Sí, soy muy fuerte de carácter. Como amiga soy muy buena amiga, para mí la amistad es sagrada. ¡Soy Escorpión! Y soy creyente. Católica, apostólica y cubana.

 

(Domina la sala un altar a Santa Bárbara).

 

—¿Cree en la santería, en los oríshas?

 

—Creo mucho en Santa Bárbara que es Changó. Yo soy hija de Changó.

 

—Yo también.

 

—¡Ah, por eso te veía a los ojos! ¡Ay, me persiguen, me persiguen! Oye pero tú te estás metiendo en camisa de once varas. ¡Tú estás muy preguntón! ¿Hasta dónde tú quieres llegar con jijijí jajajá? ¡Estás sacando lo que nadie saca!

 

Refulgen más que nunca los ojos de Ninón Sevilla. Un estremecimiento sacude al reportero y lo lleva a lanzar una última pregunta luego de escuchar su recomendación:

 

—Debes abrigarte mejor, mijo, hace mucho frío...

 

—¿Existe algo que anhele todavía, un sueño irrealizado?

 

—Fíjate que no sueño. Yo soy una persona en ese aspecto muy positiva: no vivo de la fantasía, vivo de la realidad, y eso es muy importante. La vida me ha dado más de lo que yo esperaba. Estoy satisfecha de la vida y de haber nacido mujer también. ¡Y de haber nacido rumbera, también!

 

 

La Jornada, 23 y 24 de junio de 1995.

 

 


Publicado el Lunes, 05 Enero 2015 00:00
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